JORDI RUBIO ROCABERT: El culo inquieto que cambió la historia del graffiti

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Bienvenidos a un nuevo episodio de Breaking the Rules. Este es el primer episodio que no dedicamos a conocer la vida de un escritor, aunque como él nos contará, pintar ha pintado alguna vez. Jordi Rubio es el emprendedor que vio en el graffiti las posibilidades que no había visto nadie hasta entonces.
Tras conocer a Moockie y Kapi, tras escuchar cómo describían el graffiti, Jordi vio exactamente qué se necesitaba y se embarcó en la creación, junto a Miquel Galea, de Montana Colors.
El resto es historia. Ahora que Jordi Rubio ya no está vinculado a la empresa, que cumple 30 años, hemos pensado que sería interesante conocer su historia.

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Foto cedida por Kapi

Orígenes

La idea de una pintura para graffiti y su origen en la Barcelona canalla de principios de los 90’

Empecé la idea de Montana en el 93 y el primer producto lo fabricamos en el 94. En esta época yo tenía 27 años. La primera vez que me relacioné con escritores de graffiti -Kapi y Moockie- ellos tenían 22- 23 años, y me movía en un ambiente conocido. La conexión fue inmediata, yo iba vestido de montañero y ellos con chándal.
Esa poca diferencia de edad entre nosotros nos conectó. Yo hice un paralelismo en mi vida con mi pasión, de hecho Montana se llama así porque me recuerda a las montañas. Yo, cada fin de semana, me ponía de cara a una pared para escalarla, y vosotros hacíais lo mismo para pintarla. Eso es un poco como ponerte de espaldas al mundo, que nos importa una mierda y en ese estar de cara a la pared, nos encontramos.

Barcelona 2003


Algunos con la creatividad y otros con el deseo de subir en la pared. Para mí había bastante puntos en común: en ambas hay ciertos riesgos, también iba en contra de lo que mis padres querían, (porque los padres quieren un tío normal). Me enganchó.
En esa época yo había terminado de estudiar y el destino quiso que empezase a trabajar en una empresa de pinturas de decoración, pero me fui 6 meses a Estados Unidos a escalar. Cuando volví había perdido el trabajo y buscando trabajo de nuevo acabé en la empresa Felton.

Felton, línea temporal.

Yo nunca había comprado un spray de pintura así que lo primero que hice fue examinar quién compraba el producto. Al investigar vi que en una pequeña tienda de productos para jardinería en Barcelona, una tienda que estaba en Vía Layetana, se vendían más sprays que en Servei Estació, una mega tienda de bricolaje ferretería, etc., muy famosa. Esto no me cuadró y le pregunté a mi jefe. Él no tenía ni idea, no sabía ni le importaba porque se vendían más allí contra todo pronóstico.

Conexión con los escritores de graffiti de Barcelona

La respuesta, la desidia del jefe, marcaría para siempre mi forma de ver la organización de las empresas y de alguna manera marcó el tipo de jefe que no quería ser. La incompetencia de mis superiores me lanzaron al emprendimiento.
Por suerte, el transportista de Felton, me explicó que en esa pequeña tienda trabajaba como dependiente un chico que pintaba graffiti.
Yo ya había visto graffiti en Estados Unidos, y también había visto algunas piezas en Barcelona, y las pintadas políticas de la post transición. Todo eso ya me había impresionado, desde las firmas en los lavabos de mi instituto. Así que cogí el coche y me fui para allí.
El dueño de la tienda me presentó a Moockie, no sin antes aclararme que la pintura en spray era para él y sus amigos. Eso me flipó aún más.
No pudimos hablar mucho mientras trabajaba, pero me dijo que le esperase a la salida y eso nos dio tiempo para que Kapi se uniría a la conversación.

“Quizás lo que mas me gustaba de los escritores de esa época es que cuando iban a conocer a alguien siempre llevaban el album de fotos bajo el brazo. Sé, que hay parte de nostalgia, y que el ser joven te hace vivir las cosas con mucha más intensidad.”


De esa primera reunión me fui con la idea de que había que trasladar esa pasión a un proyecto, pero en Felton, -a pesar de que lo intenté e incluso llegué a ampliar la gama de colores-, vi que no había proyección y decidí crear mi propia empresa.

Oficinas, 2000.

1994 nace Montana Colors

Unos años antes, me encontré con un amigo de la infancia, Miquel Galea, que buscaba trabajo y me lo llevé a Felton. Cuando más tarde le dije que me iba para montar mi empresa, se vino conmigo. Juntamos nuestros ahorros, más un pequeño crédito en el banco y empezamos Montana Colors.
Montana viene del latín, del topónimo de montañas. Mucha gente preguntaba si venía del estado (en Estados Unidos) o de la película Scarface donde el gran Al Pacino interpreta a Tony Montana pero no. Tampoco viene del jugador de rugby, de un quarterback de San Francisco 49rs, Joe Montana, que cuando era joven me gustaba mucho. Mar, mi pareja en ese momento, fue la diseñadora del logo. La pelota o bola era un mundo de colores, unas formas que podían expandirse y contraerse, una ida de olla. Venía porque en esa época y cuando yo empecé a pensar en el proyecto todos los nombres de marcas de pintura en sprays eran Felton Spray, SprayColors, y quería salir de eso y poner un nombre que me gustase y en ese momento Montana me transportaba un poco a mí rollo. Aunque ahora viéndolo en la distancia, ojalá lo no hubiese puesto. Me hubiera ahorrado el pollo de juicios y demás. 

Jordi, con Miquel Galea, amigo y socio cofundador de MTN, 2023

“Mucha gente me pregunta porque me he ido de Montana, pero no son conscientes de que también lo he pasado muy mal. Llevo toda la vida en Montana, y quiero saber quién soy sin ella.”

Bueno, con la ayuda de un buen ex jefe mío que nos cedió un espacio dentro de su empresa en Esparreguera, empezamos a fabricar.
De Esparreguera nos movimos a Vacarisses, donde tuvimos el primer incendio y por último fuimos a Sant Viçens de Castellet.
Aunque estábamos fabricando allí, la empresa tenia la razón social en Sabadell, de donde soy originario, y la dirección de la constitución era la casa de mis padres. Aún recuerdo a mis padres flipando con la gente que venía a preguntar por la empresa.
Todo era muy emocionante pero difícil. Si durante los primeros 10 años, algún amigo hubiera decidido invertir en la empresa, le hubiese disuadido. Porque una cosa es la idea, luego ponerla sobre el papel y otra muy distinta llevarla a la realidad. Pasa lo mismo con la montaña, la idea es genial, pero hay momentos tan terribles, que lo que quieres es bajarte de la pared e irte a casa.

Montana se presenta al mundo: La exhibición del Pueblo Espanyol

Todo el mundo sabe que en esa exhibición sponsorizada por Felton, les dimos a los escritores los primeros classic negros que habíamos hecho en Montana. Lo que no saben es que el trato con Aerosol Art lo hice yo, mientras estaba aún en Felton y me pareció de recibo que la gente conociera nuestros nuevos sprays.
De todas maneras al jefe de Felton seguía sin importarle el graffiti.
Él venía de una industria del automóvil, donde el cliente compra un bote cada 7 años y por lo tanto al consumidor no le importaba demasiado el precio, pero para mi forma de ver las cosas eso no funcionaba con el graffiti. Para los escritores que necesitan pintar y practicar para evolucionar, no tiene sentido que los sprays sean tan caros. A parte, ese mercado, que en definitiva me parecía rancio, no me interesaba para nada.

Cartel 1994

Relaciones con los escritores de graffiti

Con los escritores me llevaba bien, porque entendía de alguna manera su pasión, porque yo también esperaba para vivir la mía en cuanto llegaba el fin de semana.
Ahora ya no lo pone, pero antes en el DNI ponía a qué te dedicabas, y eso, no tenía que ver con quiénes somos en realidad. Porque no somos en lo que trabajamos. Nuestro trabajo es una parte, pero somos mucho más y en eso me sentía muy cercano al graffiti.
Además ahora se ha puesto de moda, pero el graffiti siempre ha sido un “lifestyle”, mucho antes de que se creará ese nombre para fines comerciales, porque engloba una manera de ver el mundo muy particular.
Creo que Montana tuvo una carrera exitosa porque se centró en lo que a la gente le gustaba hacer por amor, por pasión. Yo veía que era gente que arriesgaba su vida, sus relaciones personales, su economía. Ahí yo veo, no el negocio porque con esa edad me la pelaba, pero sí vi a qué podía dedicar mi vida.

Vacarisses 1999, foto cedida por Sendy’s

 “…la herramienta estaba ahí, el graffiti estaba ahí. Yo fui un catalizador.”

La cosa es que no tuvimos que hacer demasiado y en poco tiempo ya estábamos exportando pintura. ¿Sabes quién fue el exportador? Los artistas, bueno, en ese momento eran escritores que invitaban a escritores. Yo no hice nada. Yo siempre me he definido como la persona indicada, en el momento indicado, en el sitio indicado, pero el resto fue gravedad.
Fue la ciudad, Barcelona, que se postulaba como el último paraíso de libertad para mearse en la calle, para emborracharse o para fumar porros o para patinar o para pintar. La gente venía como si fuera a Disneylandia y aquí teníamos una marca de pintura y una tienda de pintura la Game Over Shop, más tarde Bunker Store, y al final Montana Shop, que posiblemente fue la primera Graffiti shop del mundo o una de las primeras. La magia fue Barcelona y sobre todo estos chavales de periferia que con su mal inglés empezaban a explicar a la gente que venía que tenían que probar la pintura. Nuestra pintura tenía una cubrición brutal, con muy poca toxicidad y con gases no contaminantes que no atacaban la capa de ozono. Nos preocupaba personalmente y mi socio Miquel que era un buen químico.

En el protocolo de Montreal, en el 89, solo se permitía el CFC para los aerosoles de fármacos. Creo que se pudo usar durante un tiempo porque no era inflamable y era funcional pero tanto en Montana como en Felton empezamos a envasar con propano-butano, un gas inflamable.”

A parte yo lo hacía para el graffiti, porque entendía muy bien que el trazo es irrepetible. La gente flipaba con el precio- sobretodo para el bolsillo de los guiris-. Yo no hice nada, no iba con la maleta de pintura a buscar clientes.
Me llamaba un chaval y me decía que había estado con Sendys y que le había flipado la pintura. O me llamaba otro y me decía, “Mira, oye que mi padre tiene una ferretería. O venía Dafne de Italia con un petate, y yo iba a Sants a llevarle la pintura en la furgoneta.  
Los viernes por la tarde llegaba para repartir,- que en ese momento repartía yo- a Game Over y los mismos chavales llenaban las mochilas. Yo recuerdo que los mayores llegaban en coche, y paraban para llenarlo todo: los asientos, el maletero… y Moockie se volvía loco contando los botes que se llevaban. 
Hubo un momento, -en la época del fax-, que yo desenchufaba el fax el viernes por la tarde para que no entrasen más pedidos. Pensaba “que la competencia haga algo”. No dábamos a basto.

Un nuevo modelo de empresario

Yo fui un problema para la industria.
Cuando llegué a la industria del aerosol fui un disruptor y fui odiado porque en ese momento la pintura se vendía cara y los chavales que pintabais, la robabais. Igual te hablo del 93.
Yo ofrecí el classic por 225 pesetas y ya no teníais que robarlo. Si hiciésemos la conversión se estaría vendiendo por 1.30 euros. Entonces la gente dejó de ir ahí a jugársela.
Antes de los classic, a la industria le daba igual que robasen porque no perdía, quien perdía era la tienda. Yo le hice un favor a los chavales, que dejaron de robar, y al de la tienda que le dejaron de robar. Yo le caí simpático al colectivo de escritores y al colectivo de tenderos al que venían nuevos consumidores. 
Al principio, yo fabricaba, vendía y repartía. Tenía una especie de doble vida, era una especie de Superman. Iba con un mono y debajo vestía ropa de calle, me cambiaba en el coche y salía vestido para las reuniones.

Equipo de marketing, excursión por Montserrat

“¿Sabéis que en la fábrica nos visitaban muchos artistas, y flipaban? Pues a mí me daban envidia ellos, su libertad, porque ¿quién disfruta más de un hotel los clientes o el dueño?”

Angelo, Albert, Dilk, su padre y Jordi. 2014

Para mí Montana era como un hijo, sé todo lo que le pasa. Yo era pastor y al mismo tiempo el perro del rebaño, metido en todos lados. Yo podía ir a la fábrica y poner en marcha una máquina con la punta de la polla. O me iba a ver un cliente y me lo ganaba al momento. O me iba a una jam y conocía al 90% de los escritores (ahora ya no, sois muchos). Lo sabía todo, y eso también me hacía esclavo y la libertad de los artistas me daba mucha envidia sana. ¿Sabéis que en la fábrica nos visitaban muchos artistas, y flipaban? Pues a mí me daban envidia ellos, porque ¿quién disfruta más de un hotel los clientes o el dueño del hotel?

2005, Henxs y Jordi. Foto cedida por Kapi


En Montana yo hacía de todo, de hecho, siempre he sido yo, quién bajo un nombre falso, contestaba las preguntas que la gente me hacía en la línea de atención al consumidor. Me encantaba. Por ejemplo me preguntaban si la pintura era vegana, que lo es, me preguntaban dónde tirar el bote y todo tipo de dudas. Les dábamos ideas, y respuestas a lo que necesitaban.
Yo no tenía oficina en la empresa, no me gustaba. Ahora está de moda ese rollo, pero a mí siempre me dio un poco de asco “la oficina del jefe”. Me sentaba en la mesa libre, y deambulaba por la empresa, iba a la fábrica a hablar con la gente, a estar con ellos. Cuando necesitaba paz, trabajaba en casa.

“Haciendo un símil entre el mundo empresarial y los marineros… yo he hecho  27 veces el Cabo de Hornos. He hecho de todo, a partir de aquí, siento que he navegado mucho y tengo ganas de saber cómo es la vida sin Montana. “

Yo creo que el jefe es un estatus que tiene que ser real y me sentía jefe porque me respetaba la gente, los trabajadores. Me sentía bien y podía pasearme por la fábrica sin ver miradas de odio. Eso me hacía sentir bien y eso es lo que echo de menos.

Los primeros años y el choque con la sociedad

Al principio había mucha morbosidad. Una vez fuimos a una entrevista, Zosen y yo en Radio4. La periodista era Silvia Copulo, que era bastante famosa y también habían invitado al alcalde de Sant Cugat.
Nos pusieron en dos bandos enfrentados, y nos machacaron. En ese momento la empresa ya tenía 6-8 años. Tenía 40-50 trabajadores y ya exportábamos. El cabrón del alcalde al salir, me puso la mano en el hombro en plan patriarcal y me dice: “Chaval, ¿por qué no te buscas otro trabajo?”. Me estaba perdonando la vida, en vez de felicitarme. 
Yo pensé: “cómo criminalizan el graffiti” ¿Cómo hablan sobre algo de lo que no tienen ni idea? Es tremendo, porque yo cuando veía a un chaval de la Mina mal hablando inglés con un chaval de Rotterdam, mirándose un blackbook, se me ponían los pelos de punta. El graffiti les estaba dando una oportunidad de ser mejor persona. Pura supervivencia. Un chaval, en La Mina, en el Bon Pastor, uno de los barrios más pobres de la ciudad, está hablando inglés y se irá a una riera de mierda y cogerá un interrail. No lo pagará, pero eso no es tan importante.

Jordi

Ahora, con niños que no salen de su casa, en un momento en que todo es virtual, que se pinte graffiti es lo mejor que puede hacerse, porque es real.
Es cierto que me he ganado la vida con eso, pero después de 29 años en Montana y 57 de vida, el graffiti bajo mi criterio es infinitamente más positivo que negativo.
El graffiti también ha sido positivo desde un punto de vista económico t, porque mucha gente se buscó la vida, creó una tienda online, o tienda física, se crearon trabajos como representantes, talleres, trabajos de repintar…
Incluso para empresas como Montana, porque ahora todas las empresas de pintura del mundo tienen su línea joven, para los chicos rebeldes que pintan graffiti.

Primeros viajes exportación, Amsterdam, 1997

Pinitos en los trenes

Yo entendí el graffiti desde el momento que conocí a Kapi y Moockie, incluso yo había ido a pintar trenes alguna vez con el colectivo Coma Sound Kartel (CSK) de Montpellier. Cuando estaba por la zona me iba a pintar con ellos. Experimentaba, básicamente rellenaba, pero no he tenido marrones, porque si no lo veían claro, pues no íbamos.

Brasil, 2018

La primera colleja: Montana Colors vs Montana Cans, 2001


Todo el mundo ha oído esta historia. Teníamos un distribuidor en Alemania que empezó a crecer mucho. Este distribuidor, de manera desleal, contempló la posibilidad de pactar con un fabricante alemán para que nosotros dejásemos el negocio, arrebatarnos la marca y que esta empresa mucho más grande que nosotros fabricara allí en Alemania.

“Hay unos botes con el diseño de una cuadrícula, fabricados en Alemania, y esos son ilegales.”

Mucha gente me pregunta, “pero ¿cómo pudo pasar todo eso si vosotros tenías la marca registrada?”
Ellos usaron una estrategia que se llama “de derribo y sustitución” es decir que todo se planeó para buscar nuestra caída.
Esta empresa fabricante de aerosoles de pintura alemana que comercializaba con la marca Duplicolor llegaron a Suiza y compraron una empresa de barnices que se llamaba Farbo y que tenía una marca de barnices llamada Montana, que existía anteriormente a nosotros pero con la que podíamos coexistir porque no había competencia ni confusión. Las marcas que son genéricas o tienen nombres propios, como es el caso de Montana (nombre geográfico) pueden coexistir siempre que no confunda al consumidor y ambas partes estén de acuerdo.
La empresa alemana compró esa empresa de barnices, y eso incluía los derechos anteriores a los nuestros, que eran del año 60. Después dijeron que nuestra empresa estaba creando confusión de mercado también paralelamente intentaron convencer a nuestros clientes para que no nos pagaran con el argumento que nuestro producto era ilegal.

“Le dije al dueño de la empresa alemana:’al final si esto te funciona nunca sabrás si te mereces tu éxito, porque habrás lo conseguido con la mentida y si no lo consigues, cada vez que me veas o veas mis productos sentirás la vergüenza y yo sentiré la victoria’.”

La empresa alemana aprovechó esta marca “Montana” de barnices (con una tipografía diferente), para decir que nosotros prosperábamos gracias a su prestigio. Por otro lado, intentaron generarnos un mal irreparable al mentir diciendo que nuestra pintura llevaba plomo y no lo advertíamos en el etiquetado.
Fue todo muy triste ya que en Suiza nadie conocía esta marca de Barnices Montana, pero, bueno, al final era un tema de jueces. Vimos que en algunos países nos daban la razón a nosotros, en otros a ellos y aquí al final lo mas inteligente fue salir de esta atrocidad; con eso me refiero a que yo no tenía dinero ni tiempo para seguir perdiéndolo en abogados y juicios. Entonces abandoné la marca Montana y registre la marca MTN, aunque como empresa si me pude seguir llamando Montana Colors.
Ese fue un momento muy triste, porque fue cuando empecé a darme cuenta de que las cosas no era como esperaba y que les llamados grandes o poderosos acostumbran a jugar sucio.

Port Aventura, celebración 25 aniversario. Lluis Merino. director RRHH. “La vida es una montaña rusa”

La segunda colleja: incendios

Montana Colors ha sufrido 3 incendio en las fábricas, uno en el año 2002 donde se destruyó todo y 2 más pequeños en el año 2013. Es algo bastante común en este tipo de empresas, porque mezclamos productos inflamables, como disolventes, gas, resinas y siempre con el factor humano por medio. Los tres incendios que hemos sufrido se deben a error de proceso o accidente. Es muy difícil que no pase, pero hay que evitar que se repita el mismo tipo de error. El primero fue más espectacular, la columna de humo era enorme y se veía a cientos de kilómetros ya que hacia un día muy claro.
Los otros dos fueron en otras secciones, y más pequeños y pudimos recuperarnos muy rápidamente.
Casi todas las empresas de pintura han tenido alguno de estos problemas en los años de vida pero al final, para buscarle algo positivo, te diría que la superación de las dificultades siempre ha sido un motivo de orgullo para mí. Sobre todo porque en ninguno de ellos hubo ningún herido de gravedad.

El Arte

Tengo una colección que compré cuando montamos la galería en el 2004 y también tengo regalos que me ha hecho mucha gente. Mi colección es bastante grande: una parte la tengo en casa y la otra la tengo todavía en las oficinas de Montana.
Ahora estoy pensando que puedo hacer con eso, qué salida darle. De hecho cuando vendí Montana saqué de la venta dos cosas importantes para mí. Una es el patrimonio artístico y otra es el patrimonio industrial. Las piezas de arte y las naves.
Por ejemplo tengo una pieza de los inicios de Okuda, otra de los inicios de Felipe Pantone… Algunas piezas son básicas y no han tenido repercusión en el tiempo, pero para mí son más valiosas que otras, porque tienen un valor emocional, el valor de alguien que te da lo mejor que tiene: es su talento.

Yo ayudaba cuando podía a los artistas, me quedaba algunas piezas… de hecho en la primera exposición que hicimos en la galería Montana, con Os Gemeos, se vendieron dos cuadros.
Uno lo compré yo,- por ayudar y me pidieron 1500 euros que pensé “joder ¡qué caro!” y el otro cuadro los transportó al éxito. 
El segundo cuadro lo compró un broker de arte que trabaja para el dueño de Nike. El siguiente paso de este tío fue invitarles a Nueva York a pintar en el apartamento que tiene Phillip Knight. De allí entraron en la lista de los contactos de los que mueven los hilos del arte urbano. Por eso tenemos tan buena relación, porque asimilan eso con la invitación que les hice para pintar en la fábrica y la exposición de 2004, porque fue su punto de despegue.
En la actualidad mi relación con el arte es ser el comisario del Besart, de uno de los muros de la riera del río Besos a su paso por Sta. Coloma, que pretende ser el museo al aire libre más largo del mundo (8km). He comisariado 5 intervenciones, pero ahora mismo el proyecto está parado por falta de fondos y líos de competencias.

La vida después de Montana

Estoy bien, pero quizás me queda la sensación de que aún hay mucho por hacer, y que podría haberse hecho mejor, pero es un sentido crítico, como cuando a un creador, le cuesta dar por terminada su obra.
Si me preguntas si me ido pensando que me quedaba algo por hacer, te diré que lo único que me molestaba de Montana, era ver la cantidad de residuos que generábamos. Estaba pensando en un nuevo producto, o proyecto, que pudiera asimilar todo esos restos, pero bueno, alguien encontrará una solución.
La conciencia medioambiental ha ido creciendo en los últimos años, sobretodo desde los inicios de la marca, pero todo contamina, es inevitable.
Ahora sigo buscando la paz, y es un proceso, un duelo.
También es un alivio, porque Montana siempre se autofinanció desde los inicios.Yo vivía siempre en un endeudamiento constante con los bancos y al final una empresa con 300 empleados me tenía condenado.
Empecé a pensar en que necesitaba un cambio y entonces elegí la mejor opción para que Montana continuase en la zona industrial donde está. Al final, el tiempo dirá si tomé una buena o mala decisión. Todavía no lo sé, hace poco tiempo y por el momento Montana continúa y yo me estoy buscando a mí mismo.

2022

Dicen que de cada 100 empresas que empiezan, sólo sobreviven 3. Al final, no tienes que olvidarte de dónde vienes y creo que mucha gente que emprende y le va bien, se olvida de sus orígenes. Quizás por eso me fui, para no dejar de ser quién era, porque al final tienes el riesgo de alejarse tanto del objetivo por el que empezaste.
Aparte de que al envejecer, puedes entrar en una manera de hacer las cosas que ya no conecte con lo que realmente te ha hecho llegar allí. Por eso digo que hay que saber salir de la fiesta.
Por ejemplo, había una cosa que yo lamentaba mucho, la gente dice que es normal, pero a mí me jodía no saber el nombre de todos mis empleados. Me molestaba que llegara un chaval a la fábrica, supiese cómo me llamaba yo, y no saber cómo se llamaba él.
Es más, a uno de los directivos de la fábrica le puse un objetivo. Le dije: “mira tienes que decirme- yo no me los tengo que saber- pero tú como jefe de fábrica sí, y tienes que decirme los nombres de 20 personas y si te equivocas te despido. (Risas) Le dejé tres días para que se los estudiase, porque encontraba triste que esta persona llegase cada día a la empresa y no entrase por la fábrica, sino por las oficinas. 

“…Viajando con Didac Cerdà, amigo, ingeniero y mi mano derecha en la fabrica…”

Es por esa preocupación mía de no defraudar. No puedes ir de divo, porque al final vives de la gente que te está comprando pintura. No soy Madonna. No es que tenga que gustarle a todo el mundo, pero tengo que dar lo mejor de mí para que todo el mundo esté en sintonía con lo que yo hago.

Momentos que te han marcado

Ha habido muchos momentos. Te diré que la intensidad ha sido total, porque cada día había una anécdota.
-Una vez me emocioné en Japón, en Tokio. Me puse a llorar delante de un expositor nuestro. Mira que había visto aerosoles, pero me emocioné. Estaba tan lejos, para mí era la primera vez que viajaba Japón y al ver allí un expositor Montana flipé. 
-Una cosa que me impresionó mucho y lo viví con un poco de complejo, fue un chico que se había tatuado mi nombre en el brazo. Un día ese chico, un francés, me pidió un tag. Le dije que yo tenía un tag de toyaco, pero se lo hice y no le di más importancia. A los 6-7 meses vino a la tienda Montana, me llamó y me enseñó el brazo con mi tag. 
Le dije: “menos mal que no somos novios” Me explicó: “es un nombre que nadie va a entender. Tu producto ha inspirado mi cambio de vida, y detrás del producto estás tú”. Me hizo este homenaje.

-Mis trabajadores, mi gente… pensad que venían y me decían: “Jordi, me caso. Es para saber cómo está el trabajo y si me puedo comprar un piso”. Yo pensaba: “Si supiese cómo tengo la cuenta corriente”- y le decía-: “Alicia- es una chica a la que quiero mucho-, si trabajas bien, y hacemos todos las cosas bien, y vamos cobrando, cómprate el piso”. Le daba la vuelta a la tortilla para motivarla.
Pero cada mes cuando venían las nóminas pensaba… “hostia puta, me faltan 300 mil euros para mañana”. Al final te vuelves un poco madraza. Ya no estoy, pero echo de menos a mi gente, a mis clientes, a mi equipo.

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